Hace una semana, el 23 de febrero, celebrábamos uno de los días más emblemáticos de Cataluña: Sant Jordi. Festividad también conocida como 'Día del Libro' que se ha exportado al resto de España y en la que es habitual regalar una rosa y un libro. Ese día florecen los stand repletos de libros y de autores por las calles más transitadas de las ciudades y los actos en conmemoración de este buque insignia de la cultura se multiplican por miles en todo tipo de establecimientos.
En Madrid, aunque se trate del 'Día del Libro', se viene celebrando desde hace nueve años 'La Noche de los Libros', no sabemos si por rivalidad y diferenciación con Cataluña o por querer arrebatarle a Nueva York el conocido lema de "la ciudad que nunca duerme", pues todo acto de celebración en la capital se ha convertido en 'La Noche de...'. La cuestión es que los actos se celebraron a lo largo de todo el día 23 en multitud de centros culturales, museos, escuelas, librerías y calles. Y aunque la celebración fuera por el libro, muchos de estos actos no tenían nada que ver con él, sino con la promoción de la cultura en general.
Una cultura por la que cada vez se apuesta menos a largo plazo, pero de la que ese día se abandera toda personalidad que se precie. Se olvidan los informes PISA y los presupuestos para, por un día, aunarnos como el país más cultural. Los escritores hacen carrera por toda España y se dejan las muñecas firmando, pues ese día sí son gente de bien. Y los ciudadanos nos ponemos como propósito leernos hasta a el divino Quijote si es preciso.
Todo un alarde de sin sentido que o se trata de un mecanismo de marketing o es que nos sentimos tan culpables de no leer, no ir al cine, a los museos, a los teatros y por ello creamos un día específico en el que desahogarnos y hasta el año que viene. Quizás el marketing, buen buscador de necesidades, ha sabido detectar estos sentimientos de culpabilidad y los ha explotado para que todos nos sintamos liberados y la economía siga fluyendo.
Todo un alarde de sin sentido que o se trata de un mecanismo de marketing o es que nos sentimos tan culpables de no leer, no ir al cine, a los museos, a los teatros y por ello creamos un día específico en el que desahogarnos y hasta el año que viene. Quizás el marketing, buen buscador de necesidades, ha sabido detectar estos sentimientos de culpabilidad y los ha explotado para que todos nos sintamos liberados y la economía siga fluyendo.