miércoles, 24 de abril de 2013

El tiempo de la crónica

Hoy me gustaría trasladar un artículo del pasado 22 de abril publicado en el diario El País sobre Alberto Salcedo, recientemente galardonado con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Este colombiano cuenta como fue su trayectoria hasta que se convirtió en periodista y confiesa que su gran referente fue Gabriel García Marquez. Para Salcedo "la crónica ha estado estigmatizada como si la ficción fuera mejor" y considera que García Márquez  “ha ayudado a vender la idea de que la crónica es una forma de periodismo tan válida como la literatura". Exclama: ¡Confunden la técnica narrativa de la crónica con la técnica de la ficción!. 

Aquí está la polémica de siempre. Un texto periodístico se diferencia de cualquier otro por su veracidad, aspecto que de la mejor forma que se consigue es a través de los detalles, de las pequeñas cosas. Esto no nos debería llevar a discusiones. Aspecto distinto es la técnica narrativa a utilizar, pues cualquier texto, periodístico o no, puede hacer uso de un buen estilo de la escritura. ¿Qué supone esto más que un buen conocimiento del lenguaje? ¿Acaso debe ser un texto simple y frío para ser periodístico? Personalmente creo que no. La crónica es el texto que mejor incluye estas características: veracidad, detalle y mayor libertad estilística. Por ello debería ser uno de los puntos más fuertes del Periodismo. 

Posiblemente, la crónica no ha sido muy defendida porque muchos consideran que dentro de ella también tiene cabida la opinión. Este aspecto sí que se debería discutir, pues los lectores tienen el derecho a saber que tipo de información están leyendo. Atribuir opinión a la crónica puede que la despoje de mucha fuerza y tengamos un registro de géneros de opinión mucho más amplio que el de pura información. 

miércoles, 17 de abril de 2013

El tratamiento informativo de los atentados

Los atentados, o en general los actos que implican muertos, deberían ser los acontecimientos que más pongan en alerta a los medios de comunicación a la hora de informar sobre ellos. La precisión debería ser lo más cuidado en este tipo de acontecimientos, pero ya hemos visto multitud de casos en donde la rapidez, la gran batalla de nuestro tiempo, ha condicionado a la precisión. Es ya conocido el hecho de que cada vez que ocurre alguno de estos actos, los medios se aventuran a dar cifras exactas sobre el número de fallecidos, reduciendo posteriormente esta cifra, aumentándola después y volviendo a reducirla luego. Esto nos podría llevar a pensar que lo que ocurre es que varias personas han fallecido, posteriormente han resucitado, para luego morirse de nuevo, pero no, lo que ha ocurrido es que el medio no ha contrastado de forma rigurosa la cifra que le ha llegado posiblemente desde otros medios. Ésto ha vuelto a suceder con el reciente suceso de la maratón de Boston, donde aún no se con exactitud si han fallecido dos o tres personas. Informativos Telecinco, por poner un ejemplo de tantos, anunciaba lo ocurrido la noche del lunes en un primer flash informativo hablando de tres fallecidos, en el final de su emisión retomaba la noticia hablando entonces de dos, sin dar mayor explicación de lo que había ocurrido con el tercero. La rapidez ha vuelto a ganar a la precisión. 

Otro asunto que deriva del mismo acontecimiento sucedido en Boston es el tratamiento que han dado diversos medios sobre la composición de los artefactos. Prácticamente todos han informado de que materiales estaban construidos. "Una olla a presión de seis litros llena de metralla en forma de clavos y perdigones", contaba El Mundo. Pero dicho periódico ha ido más allá y muestra en su versión digital un gráfico sobre como elaborar este tipo de artefactos, estas son las imágenes que se muestran: 



¿Es esta una información esencial y de vital importancia para el análisis del acontecimiento o es algo totalmente accesorio e irresponsable que puede conllevar a prácticas no deseadas? Si antes hablábamos de ser precisos en este tipo de acontecimientos, ahora hablaríamos de ser prudentes y responsables socialmente. 

jueves, 11 de abril de 2013

Periodismo de Investigación

Actualmente me encuentro leyendo "El periodista universal" de David Randall, el cual recomiendo a todo aquel que quiera dedicarse a esta profesión. Me he detenido en un capítulo dedicado a la investigación, el cual he leído varias veces, pues ha sido de las cosas más útiles que he encontrado acerca de este tema. Por ello he decidido plasmar aquí los puntos más interesantes.

Hoy vemos como a prácticamente todo se le llama periodismo de investigación, por ello creo necesario reparar en a que llamamos como tal. Para David Randall, una investigación periodística tiene que ser sobre todo original y basarse en el descubrimiento de actos negligentes o que tratan de ocultarnos. Cuando detectemos que hemos encontrado algo de este tipo, pongamos en ello toda nuestra persistencia, lleguemos hasta el final, no nos conformemos con tan solo una parte de la información, consigamos todos los documentos que lo prueben y hagamos las entrevistas que sean necesarias una y otra vez. Si vemos que no avanzamos acudamos a nuestro director a ver si puede echarnos una mano y como último recurso actuemos en clandestinidad, pero con demasiada cautela y si ya no nos queda otra opción, pues podemos vernos implicados en el asunto que estamos denunciando. Unicamente así estaremos ejerciendo de verdad un periodismo de investigación, en el cual siempre hay mucho en juego. 

Jamás podremos comenzar una investigación sin disponer de un cuaderno, de una grabadora, una agenda de contactos - con varias copias - y unos conocimientos en taquigrafía. Añado yo a estas consideraciones de Randall las nuevas tecnologías que hoy ya son imprescindibles para el llamado periodista multimedia o "todoterreno". Además, tendremos que conocer como es nuestra legislación acerca del acceso a los documentos públicos y saber cuales son las fuentes estándar para el tipo de información que tratamos.

En cuanto al uso de las fuentes en investigaciones se ha de ir un poco más allá de lo habitual. Hemos de acudir a fuentes que son poco obvias como podrían ser las universidades, institutos de investigación, revistas especializadas o alternativas, libros, organismos internacionales, blogs o anuncios por palabras. No debemos descartar nada, eso sí, desconfiar siempre de todas ellas igual que lo debemos hacer de las personas. 

Ante todo lo expuesto, consideraréis al igual que yo que el tiempo es imprescindible para llevar a cabo una investigación real, algo no muy abundante en los medios de comunicación. Aquí puede estar el porque de llamar a todo periodismo de investigación actualmente, porque o se llama así a un simple descubrimiento o estaríamos ante el fin de un tipo de periodismo. 


miércoles, 3 de abril de 2013

La función del periodista

El periodismo se encuentra en un camino un tanto peligroso. Difícilmente distinguimos cuando nos estamos enfrentando a una noticia de contiendo informativo puro o con algo de opinión. Esto no sería peligroso si al menos se advirtiera a los lectores sobre lo que están leyendo. Es cierto que el periodista, como ser humano que es, tiene siempre un punto de vista personal, lo cual le condiciona a la hora de enfrentarse a unos hechos. Acepto por lo tanto la objetividad como una utopía por nuestra propia naturaleza, pero esto no quiere decir que hemos de renunciar a ella y hacer y decir lo que nos venga en gana. Trabajar persiguiendo la utopía nos asegurará siempre un trabajo mejor realizado y una conciencia mucho más limpia. 

En las clases de Periodismo nos enseñan que hay una serie de géneros, en ellos encontramos la noticia, la crónica, el reportaje, la entrevista, la columna, el editorial... Se clasifican por la presencia del periodista en ellos, por si lo que contiene se trata de una simple narración de hechos o también incluyen valoraciones personales. A lo largo de la carrera nos los explican una y otra vez, pero los límites nunca terminan de verse claros y la conclusión a la que se llega es que el periodista es quien al final los marca. Esto ha llevado a que ya difícilmente se hable de uno u otro género, denominando todo híbrido, para que así cada uno pueda hacer lo que quiera. 

Esto es lo que precisamente causa una falta de credibilidad en los ciudadanos, porque si los periodistas no logramos ponernos de acuerdo como pretendemos que desde fueran valoren que ejercemos un trabajo honesto. El lector considera que el periodista engaña porque ya se ha demostrado en más de una ocasión, no porque haya decidido creerlo sin más, por lo tanto se trata más de ocuparse y no tanto de preocuparse acerca de como nos ven. Simplemente mirando el panorama de géneros periodísticos existentes vemos como son mucho más abundantes aquellos donde se permite la opinión. La noticia es el único que se presenta como estrictamente puro, aunque los hechos también han revelado que ni este se salva de las valoraciones. 

Se ha tomado al lector como un inútil que no sabe reflexionar, que no puede sacar por si solo sus propias conclusiones acerca de los hechos. Nuestra profesión es de servicio público, pero para ejercerla hay que valorar ante todo a las personas, tenerlas en consideración y constantemente presentes al enfrentarnos a un artículo. Por supuesto que podemos opinar, pero no es esa, desde mi punto de vista, nuestra principal función.